"Llevaba dos años con Duolingo y seguía sin poder mantener una charla. Pensaba que el problema era yo. No: nadie me había marcado nunca dónde el parecido con el español me hacía meter la pata."
"Con el código de colores, en la primera semana entendí por qué sonaba a 'turista'. Ahora hablo con la familia de mi marido en Italia sin que me corten. Por 17 dólares es un regalo."